Crecen las familias homoparentales, las reconstituidas, las multigeneracionales. Esta diversidad no es una excepción: es parte esencial de nuestra fuerza laboral.
Imagina esto: es lunes por la mañana y una colaboradora pide ajustar su jornada para acompañar a su papá a una valoración médica. En otro equipo, un colega necesita salir temprano para recoger a su sobrino porque su hermana, quien también trabaja, no llega a tiempo. Y en otra área, alguien consulta si puede usar sus beneficios de bienestar para apoyar a su pareja en una etapa compleja de salud mental. Ninguno de estos casos encaja con el “perfil estándar” para el que se diseñaron tradicionalmente los beneficios laborales… pero todos son reales.
En mayo, mes en el que celebramos el Día Internacional de la Familia, y ahora en junio con el Día del Padre, es momento de preguntarnos si nuestras organizaciones realmente han actualizado su visión sobre lo que significa familia. Y más aún: si los beneficios laborales que ofrecemos están alineados con esa nueva visión.
Durante años, los paquetes de beneficios parecían cortados con la misma tijera: vales, seguro médico tradicional, guardería y, si acaso, días de maternidad o paternidad extendidos. Pero esos esquemas fueron diseñados para una sola realidad familiar: la nuclear, con mamá, papá e hijos. Hoy, esa visión resulta incompleta.
Según datos del INEGI y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), cerca del 29% de los hogares no se ajustan al modelo nuclear tradicional, al estar compuestos por una sola persona o ser monoparentales. Crecen las familias homoparentales, las reconstituidas, las multigeneracionales, y también aquellas en las que los colaboradores cuidan de adultos mayores, hermanos o personas con discapacidad. Esta diversidad no es una excepción: es parte esencial de nuestra fuerza laboral.
